sábado, 26 de marzo de 2011

Elixir del olvido.

Todo estaba tan oscuro. Me encontraba atosigada por el callejon sin salida de mi vida, si es que la podía seguir llamando así ahora que ya no era controlada por mi. El corazón me latía desbocado. "¿Estará él al final del callejón?" me preguntaba a mi misma una y otra vez. Tenía que estarlo, debía estarlo. Preguntaba "¿estas ahí?". Sin respuesta otra vez, tan solo el eco de una voz quejumbrosa y llena de miedo. "¿Esa es mi voz?" pensé, pero bien sabía la respuesta y así era me encontraba sola, con la botella en la mano tal y como había estado las ultimas semanas. Me la acerque a los labios secos y dañados de los golpes que habían llevado, tome un sorbo y después otro. Cada gota de ese elixir del olvido bajaba por mi garganta con rapidez y desesperacion. No quería parar, necesitaba olvidar, eso era todo. Nunca me había gustado el alcohol, un líquido de diversos colores que en principio parece inofensivo pero que en cuanto se aposenta en tu cabeza controla cada milímetro de tu mente y tu cuerpo y se hace dueño de ti, ya no eres dueño de tu vida, en cambio ahora me daban igual dichos ideales. Pensaba en el alcohol como en un elixir que consuela a ignorantes entrando por sus cuerpos y debilitando sus defensas hasta someterles y controlarles por completo, paradójicamente la ignorante ahora era yo. "Yo lo necesito de verdad" ese pensamiento ocupó mi mente siendo rápidamente contrarrestado por el siguiente: "¿Te refieres al alcohol o a él?". Estúpido cerebro siempre tan contradictorio, pero aunque doliese admitirlo me refería a los dos. Mi comportamiento era patético por él necesitaba el alcohol para evadirme de mis problemas y aun así seguía sin poder desterrarlo de mis pensamientos, de mis sentimientos. Con pesar baje la cabeza, me había echo tanto daño, había sido golpeada tantas veces por él, mi cuerpo y mi corazón ya no respondían a sus golpes, dolía ¿y qué?, seguía siendo la sombra que siempre le acompañaba. El valor me había abandonado durante mucho tiempo, en una ocasión cuando el alcohol me encolerizo volvió e intente liberarme de mi prisión, junte todo mi valor y fui a por el demonio que custodiaba las rejas de mi cárcel pero eso sólo me causo un golpe más. El valor se volvió a ir y sólo había vuelto esa mañana cuando al fin decidí salir de casa en su ausencia y huir lejos de él a un lugar en el cual no me pudiese encontrar. El alcohol había sido mi único acompañante y amigo. Pero aún así al llegar a este punto le había buscado de nuevo. ¿Como se podía seguir amando al demonio una vez que este había abandonado su disfraz? No lo sabía. Pero ahora solo podía seguir adelante, debía hacerlo. Cerré los ojos tome otro trago de ese elixir del olvido y seguí caminando. El callejón oscuro de mi vida seguía buscando un final y yo no me quedaría a esperarlo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario