Querido Corazón:
Tú que siempre buscas a quien amar y
entregarte, te ruego, ríndete. Se que no te das cuenta, y que crees
que así seremos felices, pero por favor te pido: no ames, no te
entregues, no luches... Porque cuando lo haces, pierdes una parte de
mi por el camino.
Te entregas, das parte de mi ser a una
persona que luego acaba yéndose y dejándome por el camino, y yo
jamás recupero la parte extraviada. Me derrumbo más rápidamente a
cada día que transcurre. Ya no tengo cuerpo con el que seguir, has
dejado ir todas sus partes. A aquel primer amor le regalaste mi
ilusión, a la primera traición le diste mi confianza, al primer
adiós la melancolía, al primer contacto la curiosidad... Y así,
paso a paso, fuiste dando cada una de las partes que te forman hasta
quedarte sin nada. Hoy, al ver como todo en lo que creía se
derrumbaba y quedaba a la intemperie has dado las dos ultimas partes,
la soledad y la esperanza. Tal vez, mis ruegos lleguen tarde.
Pobre Corazón, quisiste dar tanto que te
perdiste a ti mismo en el camino.

No hay comentarios:
Publicar un comentario