jueves, 22 de diciembre de 2011
Huellas en la arena.
El tiempo hace daño, mucho daño. Despertar en una habitación en la que antes la alegría palpitaba y ver que ahora ya no queda nada no es doloroso, lo doloroso es ver que el tiempo ha pasado y no has logrado todavía algo grande, algo que merezca la pena recordar. O eso creemos todos. Deseamos brillar, brillar aún más que las estrellas que pueblan el cielo en una noche oscura. Queremos encontrar nuestro lugar en el mundo, nuestra vocación, hacer algo que los demás recuerden siempre, dejar huella y si no lo logramos no nos sentimos realizados, pero todo esto no es más que una mentira creada por nosotros mismos, un círculo vicioso que se repite de generación en generación. Si no hemos echo nada grande, ¿Cómo es que en los momentos malos, cuando todo parece no tener salida, vivimos de recuerdos?. Si lo que hubiésemos echo no mereciese ser recordado, no lo recordaríamos, pero seguimos teniendo ansias de más, porque así es el ser humano, nunca se da por satisfecho. Hemos sido así desde el principio de los tiempos y lo seremos hasta el final de los mismos.
La mayor prueba de ello son los niños. Cuando teníamos 6 o 7 años todos queríamos ser: Super Héroe/Heroína, Cantante famoso/a, Modelo, Diseñador/a... Queremos dejar una huella indeleble en este mundo antes de irnos, pero ya la estamos dejando, estamos marcando este mundo con cada paso que damos, cada cosa que hacemos... El problema es que no nos damos cuenta de ello.
Tenemos miedo de que cuando ya no estemos aquí, no se nos recuerde porque no marcamos al mundo, porque no dejamos una huella en la tierra. No pensamos en que nuestros seres queridos nos recordaran, las personas con las que has compartido algo no se olvidaran de nosotros porque les hemos dejado huella, ahí esta la huella que tanto deseábamos pero no la habíamos visto. No es indeleble, se borrará cuando esas personas ya no estén, pero vale más que ser famoso y conocido a nivel mundial.
Vivimos de recuerdos y si recordamos siempre también nos recordaran siempre, eso es lo importante. Es Navidad, así que en vez de regalos dejemos huellas, seamos recordados porque a aquellos a los que les grabemos nuestro nombre estas navidades les estaremos
dando un poco más de vida cuando necesiten vivir de
recuerdos. Así que en esta Navidad me gustaría decirle,
a quien me lea, a quien me escuche:
"Recuérdame cuando me vaya"
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